jueves, 3 de diciembre de 2009

EN EL DIA DE NOCHEBUENA


VIVENCIAS
“En el día de nochebuena”
Rubén Isaac

Desde muy pequeño, Pineo espera con ansias la llegada del día de nochebuena.De baja estatura pero de contextura fuerte, acostumbra a achicar becerros, ensartar tabaco y a desgranar maíz en el campo que le vio nacer, “Loma de los muertos”, donde la luz de los cocuyos y la lámpara humeadora hacen contraste con la oscuridad de la noche. A la llegada del otoño se apresura a recolectar la leña que servirá luego para azar el famoso lechón en puya. Apila troncos y trozos de árboles de madera de calidad, los coloca debajo de la enramada cobijada de cana hasta que llegue el anhelado día.
Don Coime, su padre, criador de cerdos por largos años, selecciona la mejor marrana de la piara. La tarde antes del día de nochebuena se escoge para el sacrificio. Con una estocada cuya punta del afilado cuchillo se hunde en el corazón de la inocente, se pone fin a la vida de aquel tierno animal. Don coime, devoto de la virgen de la Altagracia, levanta y zarandea la cerda para que se desangre por completo. Pineo, asiste a Don Coime pasándole hojas de cana seca prendidas, para quemar todo el pelaje de la marrana muerta. La raspa con las manos y un cuchillo, hasta quitarle toda la piel. Don Coime hace una herida en un costado para extraer todas las vísceras. A Pineo le tocará lavarla con agua caliente. Doña Tibe, la madre de Pineo, en la cocina prepara el singular sazón que adornará el ritual del asado. Contiene ajo, orégano, romero, zumo de naranja agria y sal. Don Coime coloca la vara previamente cortada y secada al sol., atravesando la puerca desde la boca hasta el rabo. Doña Tibe coloca el sazón y Don Coime cierra la herida herméticamente con alambre dulce. Pineo ayuda a Don Coime a subir la cerda a un “soberao” hasta la mañana del día de Nochebuena. Doña Tibe, guisa las vísceras que acompañadas con plátanos será el primer festín para Don Coime, Doña Tibe, Mito, Goya y Mere hermanos mayores de Pineo y los primos Milin, Saúl y Ramona que están de visita en la casa. Ramona y Goya “se ponen por el caño” porque su glotonería no esperó a ver las grasosas piezas. El mondongo se limpia y se convierte en el desayuno del día de nochebuena. Otra hartura les espera al empezar el día. Tempranito, debajo de la enramada fresca, Pineo junta la leña y con astillas de cuaba enciende la fogata. Don Coime monta la empuyada cerda en dos horquetas colocadas a ambos extremos del fogón. Cuando ya el fuego está llameante, sentados en sendas sillas de guáno en cada uno de los extremos, Pinéo Y Don Coime se turnan la volteadura de la marrana en puya para provocar su rica cocción. El calor de la llama calienta los cuerpos enfriados por el entrante invierno y Don Coime reclama un “pote de romo”. Seis horas de ardua labor cuesta la delicada tarea: Atizar la leña, hacer las brazas, voltear la vara, pinchar la marrana para que desprenda manteca. Por fin llega la hora de probar el cerdo. A Pineo se le da este privilegio cortando el rabito del lechón. ¡ humm, que rico tá éte pueico¡, atiende a decir el muchacho.Se separa la leña y el asado se deja enfriar. En la cocina Doña Tibe prepara el moro de guandules, la ensalada rusa y desenvuelve el casabe que Rafo y Cosmito, hermanos de Pineo, que se engancharon a la guardia y bajaron de la capital, trajeron junto con manzanas, uvas, pasas, dulces, un vinito tinto y hasta un rico ponche.
Rayando las doce del mediodía, Don Coime y Pineo se apresuran a trasladar el asado a la cocina. Doña Tibe, arranca una oreja asintiendo a dar su aprobación con la cabeza porque la boca está llena.
Anita, Lourdes, Julia, y Linda, vecinas de la casa ya enviaron los platos de intercambio que también contienen lechón asado. Doña Tibe los devuelve repletos con sus emisarios.
Comienza el festín de mediodía. Toda la familia “pone los pies bajo la mesa”, hasta un transeúnte que iba pasando disfruta del exquisito manjar de” mediodía bueno” en el día de nochebuena. Comen hasta que la barriga se les pone “timbíque como una tambora”. Pineo exclama en un extremo de la mesa, “mamá a mi ai que barreime”, porque la opípara comida lo tiene sofocado. Ingieren frutas, golosinas, se pegan unos tragos hasta “quedar como chinchas” y medio mareados. En la noche, como a las seis se hace un “recalentao” con parte de lo que quedó del mediodía. Cenan para “acostarse como los gallos”, pues la celebración ya se hizo bien temprano.
El día de Navidad todos se levantan al darles el olor a “café piláo” que cuela con gusto Doña Tibe. A pesar de que a Pineo “le berreó el puerco” el día anterior, se engulle un par de trozos de plátanos con una sobrita de la que las vecinas mandaron. Al mediodía, Don Coime pica la cabeza del puerco que todavía está entera y degusta los sabrosos sesos acompañados de un buen trago de ron.




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